miércoles, 3 de agosto de 2016

Ejercer el poder en bruma confusa

Ejercer el poder en bruma confusa


Raúl Prada Alcoreza

 

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En la era de la simulación del crepúsculo del sistema-mundo capitalista, que contiene al sistema-mundo político y al sistema-mundo cultural, el ejercicio del poder se ha convertido en un teatro político escenificado en plena bruma[1]. La bruma otorga un ambiente un tanto trágico a la trama representada. Se espera, por lo menos, una buena representación, de guiones que sean de cierta calidad; empero, la sorpresa es que de trágico solo queda la bruma, que no era tanto para darle gravedad a la representación, sino para lograr confusión; de tal forma, que no se logre ver, ni entender lo que se representa.  De esa manera no se pueda juzgar la representación, el teatro político; tampoco se pueda visualizar lo que se hace, en entretelones; quedando el espectador atónito, sin saber si asistió a una buena o mala representación.  El teatro político se ha convertido en una pésima representación; que escenifica una mala trama, además, aburridamente repetida. Los actores son mediocres; lo único que queda es la bruma y de la bruma la confusión. También lo que queda es el encubrimiento las fechorías, hechas en entretelones, fuera de las constatadas vulneraciones a la Constitución.

El vicepresidente del gobierno populista señala a las gobernaciones como ineficientes y rentistas, por no generar sus propios ingresos y no ser productivas. ¿Qué es el gobierno? ¿Acaso no es rentista? Atrapado en la continuidad intensiva y expansiva del modelo colonial extractivita del capitalismo dependiente, se sustenta en una economía primario exportadora, se aposenta en la larga tradición y habitus del Estado rentista.  Por otra parte, atenta contra lo poco e incipiente del fragmentario espacio productivo, debatiéndose entre la vida y la muerte; inmiscuido fatalmente en el compulsivo sabotaje destructivo, aunque no sea intencional, de la economía política del chantaje; donde sobresale la corrosión institucional y la corrupción galopante. Adjudicando concesiones y proyectos, de modo directo, a empresas fantasmas o que no cumplen con los mínimos requisitos, exigidos formalmente, a lo que se presentan para concurrir; lo peor, que tampoco cumplen. Dejando desolado el panorama económico, supuestamente abierto, en las gestiones del demagógico gobierno, habituado a presentarse como ficción en la propaganda estridente.

Resulta que la Constitución establece un entramado de competencias, privativas, exclusivas, concurrentes y compartidas, que amplifican notoriamente las competencias departamentales, municipales, indígenas; definiendo las condiciones de posibilidad jurídico-políticas de las autonomías plurales. En contraste, en el ejercicio de la política, el gobierno popular se ha desentendido completamente de la Constitución, de este entramado de competencias, incluso de las competencias particulares de cada autonomía. Primero, ha vulnerado patentemente la Constitución con una Ley Marco de Autonomías, que de autonomías solo tiene el nombre; lo demás es sencillamente la repetición reiterada, incluso mayor, del modelo centralista del Estado-nación subalterno. Vulnerando las competencias autonómicas. Este Estado-nación, que se pone el mote de Estado plurinacional, se ha desentendido completamente, de la manera más grosera, de lo que manda la Constitución. En vez de autonomías restaura el centralismo ramplón; en vez de un sistema adecuado de financiación de las autonomías, se apodera de sus recursos; en vez de descolonización, reconociendo territorio indígena a las autonomías indígenas, además de normas e instituciones propias, las somete a un control colonial, no hay otro nombre a lo que hace, del Estado celoso, patriarcal y renovado colonial, a pesar del discurso desgañitado, que se reclama de gobierno indígena.

Es una pantomima. Empero, parece que los únicos que no se dan cuenta que lo es, son los gobernantes, los representantes oficialistas, la masa de llunk’us, que los sigue ciegamente. Sorprendentemente, también los medios de comunicación, oficiales y no oficiales. Estos medios siguen la tramoya, como si fuese veridico lo que dicen que pasa oficialmente. La mediocridad se ha vuelto también una característica de los medios de comunicación.

Una buena pregunta al respecto, de esta escenificación lamentable del teatro político, la hicimos antes, preguntándonos cómo funciona este ejercicio de poder[2]. Dijimos que se trata del ejercicio del poder por medio de la simulación. También anotamos que se trata, en plena dominación del capitalismo financiero, en la etapa tardía del ciclo largo vigente del capitalismo tardío, de la expansión abrumadora y transversal de las formas de poder no-institucionales, desbrozando las formas de poder institucionalizadas; la subsunción del lado luminoso del poder por el lado oculto del poder[3]. Así como remarcamos, que respecto a los gobiernos nacional-populares, que incursionaron heroicamente, a mediados del siglo XX, realizando nacionalizaciones, que eran las condiciones de posibilidad políticas de la conformación de la soberanía del Estado, además de ocasionar efectos políticos y materiales en la edificación efectiva del Estado-nación, son los populismos del siglo XXI patéticas comedias[4].

Entonces la bruma de la escenificación política sirve para provocar confusión.  Los gobernantes no gobiernan, en pleno sentido de la palabra, que significa conducir la nave aprovechando las fuerzas que amenazan con el naufragio y las fuerzas que impulsan la nave.   Los gobernantes de la etapa decadente no gobiernan, sino dejan que la nave, siga un curso incierto, en la inercia de la resultante de las fuerzas, de la correlación de fuerzas concurrentes. Nos preguntamos: ¿qué gobierna[5]? Dijimos que son las estructuras de poder de la maquinaria fabulosa del orden mundial, del imperio, de sus máquinas de guerra, de sus máquinas de poder, de sus máquinas económicas, de sus máquinas extractivistas. Los gobernantes pueden ilusionarse con que gobiernan, con que controlan; pero, esta ilusión es lo único que les queda, cuando son marionetas de la maquinaria abstracta de poder y de los agenciamientos concretos de poder globalizados.

El problema no sería exactamente éste, que unas hojas perdidas en la tormenta, se crean caudillos temidos por el “imperialismo”, que conducen un Estado, que gobiernan algo, cuando son la clara muestra de que fueron arrancadas de los árboles y ahora derivan, según las direcciones alocadas de los vientos borrascosos. El problema es que el pueblo, obligado a ser espectador del pésimo teatro político, paga no solamente con sufrirlo, sino con las consecuencias destructivas de la anti-producción, de la diseminación, de la decadencia, que barren con las condiciones de posibilidad histórico-políticas de una economía propia, que alumbre un porvenir[6].

El sistema-mundo cultural sustituye la cultura por la banalidad; el sistema-mundo político sustituye la política, en pleno sentido de la palabra, por la dominación a secas, cada vez más vulgar; además de sustituir la democracia, es decir, el autogobierno del pueblo, por el despotismo matizado, cada vez más tiránico[7].  La economía-mundo capitalista, en la etapa de la dominación del capitalismo especulativo, sustituye la producción, el mercado y el consumo, por los tráficos, que son los negocios más grandes; el tráfico de armas, los tráficos de las drogas y narcóticos; los tráfico de cuerpos, de trata de blancas y de órganos.  En otras palabras, para darle la tonalidad del alcance de esta decadencia y deterioro, la estructura de poder mundial sustituye la administración de las burocracias estatales, que quedan como pantalla, por el ejercicio de poder descarnado; es decir, la violencia coercitiva, amenazante y de terror, de las mafias, carteles, asociaciones delincuentes entre Estados, orden mundial y estas corporaciones de la economía política del chantaje[8].

Lo que pasa en un Estado-nación subalterno, dependiente, de las periferias del sistema-mundo capitalista, pasa en el mundo, pasa en los centros del sistema-mundo. La decadencia está globalizada. Al revés, lo que pasa en el mundo, pasa en las periferias. No se puede pretender estar al margen de esta globalización, como algún despistado ministro considera; cuando dice que “la economía nacional está blindada”. Lo cierto es que el orden mundial, el imperio, se ha tragado a toda el orbe de Estados-nación, sometiendo a los pueblos a la deuda infinita; la marca eterna de las dominaciones, desde los primeros imperios despóticos hasta el imperio del capitalismo tardío, que se reclama de la civilización moderna y de la democracia institucionalizada.

Estas anecdóticas comedias del teatro político, forman parte de los síntomas de la decadencia. Por ejemplo, un ministro de autonomías dice que mandó el formulario correspondiente al gobernador del departamento, y que el gobernador hizo caso omiso. Gobernador que desconoce las disposiciones “autonómicas”. Un Ministerio de Autonomías, que de autonomía solo lleva el nombre, hace de dispositivo demoledor del ejercicio de poder, correlativo del aparatoso del centralismo del Estado-nación, heredado de la colonia. Se ve en estas escenas que lo único que les queda a los funcionarios es aprovechar la ocasión para desplantes, en los estrechos márgenes de maniobra que se les asignas.

Un gobierno que vulnera la Constitución no es constitucional; por lo tanto, no es legítimo. Un gobierno que ha deshecho, de facto, el entramado de competencias autonómicas, es anti-autonomista; por lo tanto, un dispositivo contrario a la transición del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, que es lo que define la Constitución como estructura jurídico-política estatal.  Un gobierno que cree en su propaganda y publicidad estridente, es un gobierno enajenado en su imaginario delirante. Un gobierno que persiste en el modelo colonial extractivita del capitalismo dependiente, aunque se desgañite diciendo que es “antimperialista”, “indígena” y “socialista comunitario”, es un gobierno impostor. Un gobierno que se entrega de lleno a la economía política del chantaje y a las corporaciones y carteles de las formas de poder paralelas, es un gobierno que ha ingresado en las profundas cavernas de la decadencia.




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martes, 2 de agosto de 2016

La fenomenología como nuevo campo del saber y del hacer

La fenomenología como nuevo campo del saber y del hacer


Raúl Prada Alcoreza


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Antes de seguir con el análisis crítico de la fenomenología de Edmund Husserl, ahora, de Investigaciones lógicas II, que es la que consideramos propiamente fenomenología, vamos a exponer lo que es para nosotros fenomenología, basándonos en la Fenomenología de la percepción de Merleau Ponty[1]. Que indudablemente, parte, recoge la herencia, se inspira en la fenomenología de Husserl; ocasionando un desplazamiento epistemológico en la fenomenología, transformándola en una fenomenología del cuerpo, del cuerpo activo y dinámico. Fenomenología vital, que, en el anterior ensayo[2], hemos denominado fenomenología materialista de la percepción. Por otra parte, nos apoyamos en lo escrito en Acontecimiento poético[3], donde expusimos nuestra interpretación de Fenomenología de la percepción y el uso que le dimos para interpretar el acontecimiento poético de Cesar Vallejo.

Como dijimos, el paso demarcador que da Husserl, en el segundo tomo de Investigaciones lógicas, es haber abierto un nuevo campo del saber, la fenomenología. ¿Por qué decimos esto? ¿Cuál es la diferencia de la fenomenología con la filosofía, con la epistemología, incluso con la ciencia? A diferencia de la filosofía, a pesar que Husserl comparte, en la exposición del primer tomo de Investigaciones lógicas, la pretensión de la verdad, es que no se coloca por fuera del fenómeno, convirtiéndolo en objeto del sujeto, ya sea de la certeza, del reconocimiento, de la razón o del saber. La diferencia con la epistemología, a pesar que el proyecto se anuncia como epistemología fenomenológica, es que no es ciencia de la ciencia, ciencia que convierte a la ciencia en objeto de estudio, suponiendo que el saber de la ciencia ya es verdadero. La diferencia con la ciencia, en este caso el referente señalado por Husserl es la psicología, es que no tiene un objeto de estudio, que va a ser investigado, analizado y explicado. Sino que la fenomenología considera al fenómeno de tal manera que se incluye en él, forma parte del fenómeno. Ciertamente, que Husserl hace hincapié en que se trata de la vivencia, de la percepción, no de la sensación del objeto empírico. Es decir, el fenómeno tomado en cuenta es el de la percepción, que deviene apercepción. Sin embargo, el paso ya se dio, comprender que se forma parte del fenómeno; que no hay una exterioridad. Es Merleau Ponty quien da el siguiente paso; comprender que el fenómeno no solamente es percepción, sino que la percepción forma parte de la experiencia del cuerpo; cuerpo que forma parte del mundo efectivo en devenir. A partir del paso de Husserl, hay pues una continuidad con Merleau Ponty en lo que llamaremos, rápidamente, constitución y conformación de la fenomenología.

Entonces la fenomenología viene a ser el estudio y el análisis del fenómeno, mejor dicho de la complejidad de fenómenos dados, de manera simultánea y entrelazada, donde se encuentra el fenómeno de la percepción, que deviene comprensión y conocimiento. Este fenómeno es una articulación específica del conjunto de fenómenos, que intervienen o que son sentidos, sobre todo, inmediatamente, como integración perceptiva; asimilados por la experiencia del cuerpo. La fenomenología de la percepción interpreta la percepción como dinámica compleja de sensaciones, imaginaciones, simbolizaciones, significaciones, razón, que hace de substrato de la intuición del sentido inmanente.

La diferencia entre la fenomenología de Husserl y la fenomenología de Merleau Ponty, fuera de lo que ya dijimos, es que la fenomenología de Husserl sigue siendo trascendental. Claro está, con los desplazamientos dados respecto a la filosofía trascendental de Emmanuel Kant; es decir, que considera las condiciones de posibilidad como a priori; vale decir, sin experiencia, como condiciones puras de la estructura del sujeto. En cambio Merleau Ponty parte de que las condiciones de posibilidad son corporales, son, si se quiere, existenciales. Esto es, la fenomenología de Merleau Ponty es materialista. Por lo tanto, la consecuencia, de partir de condiciones de posibilidades diferentes, marcadamente distintas, es que Husserl desarrolla una teoría fenomenológica que se realiza en las condiciones puras del fenómeno, cuando éste se convierte en la apercepción abstracta, vaciada de contenidos de la experiencia. En tanto que en Ponty la realización es devenir del cuerpo en devenir del sentido inmanente; la realización de la experiencia como memoria actualizada, como devenir mundo, que constituye al sujeto de la percepción, siendo éste también constitutivo del mundo.

Para decirlo ilustrativamente, ciertamente de manera esquemática y metafórica; si bien ambos teóricos exponen fenomenologías con polos opuestos, por así decirlo, ambas exposiciones son coherentes y consistentes con lo que se proponen y constituyen; la fenomenología como campo de intensidad de un saber inmiscuido en el hacer del sujeto fenomenológico. No vamos a caer en el endeble dualismo esquemático de idealismo/materialismo; para calificar a uno como idealista y al otro como materialista; descalificando al primero y calificando al segundo. Esto sería caer en los esquematismos dualistas, no tanto de las ciencias de la modernidad, sino de algo más pobre, de la “ideología”. En ambos teóricos hay un trabajo de las ideas, en ambos hay una elaboración analítica teniendo en cuenta el referente de la experiencia, de la materialidad tomada en cuenta y vivida por el cuerpo a través de la experiencia. La diferencia radica, otra vez para decirlo fácil, en que parten de premisas simétricas y opuestas, llegando a conclusiones simétricas y opuestas.

Entonces, estamos ante el nacimiento y el despliegue de un nuevo campo de saber, el fenomenológico. Que desde nuestro punto de vista, lo consideramos otra vertiente, que antes no tomamos en cuenta, de la conformación y configuración del pensamiento complejo. Habíamos señalado dos vertientes primordiales; una, la arqueología de las teorías de sistemas; otra, la arqueología de las teorías nómadas[4]. Ahora, haciendo justicia, podemos decir que la tercera vertiente es la fenomenología.

Como se puede ver, no estamos de acuerdo con los que interpretan la fenomenología como perteneciente a la filosofía, como si fuese una de sus corrientes contemporáneas. Esta interpretación, reduce el alcance del desplazamiento epistemológico ocasionado por la fenomenología; restringiéndolo a las búsquedas, en círculo vicioso, de la verdad por parte de la filosofía. La fenomenología no es un saber de este tipo. Para decirlo en la forma como expone Husserl, en Investigaciones lógicas II, es un saber que se sabe también objeto de este saber, el fenomenológico.


lunes, 1 de agosto de 2016

Fenomenología de la consciencia

Fenomenología de la consciencia


Raúl Prada Alcoreza


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La fenomenología adquiere una dinámica propia, en la complejidad de su enfoque y análisis del fenómeno, a partir de lo que podemos considerar como fenomenología de la consciencia; correspondiente al primer capítulo, La consciencia como consistencia fenomenológica del yo y la consciencia como percepción interna, de la parte Sobre las vivencias intencionales y sus contenidos, de Investigaciones lógicas II. Podemos decir que es esta parte la que tiene incidencia en Merleau Ponty e inspira su Fenomenología de la percepción.

En este caso, desde nuestra interpretación, la fenomenología ya no es solamente una extensión de la lógica pura, convertida en epistemología, sino adquiere una independencia propia, por así decirlo. La fenomenología analiza el fenómeno, no solamente como objeto o campo de objetos, que interactúan entre sí, sino que considera la relación de la percepción y la consciencia con ese campo de objetos, convirtiéndose el Yo o el Yo soy, la certeza de sí mismo, en objeto; empero, un objeto, en sentido metafórico; pues, como tal, es inalcanzable o, mejor dicho, inaprensible. En este sentido la consciencia, desde el enfoque fenomenológico, adquiere una connotación activa; pero, también, se convierte como en el núcleo interpretativo, mejor dicho, intuitivo de la percepción.

La consciencia es como la intuición de sí mismo, también, si se quiere, paralelamente, intuición ocasionada por la percepción; sobre todo, por las vivencias ligadas a la percepción; que se convierten en contenidos asumidos por la consciencia.   Pero, ¿qué es la consciencia para la fenomenología? Edmund Husserl distingue, desde la herencia trascendental, entre la consciencia pura, como condición de posibilidad, de la consciencia empírica. Ciertamente, en este caso, además, desde esta parte de las Investigaciones lógicas, la consciencia pura, que preferimos llamarla, recurriendo al lenguaje de Emmanuel Kant, consciencia trascendental, si bien es como condición de posibilidad de la consciencia empírica, no se activa sino en vinculación directa con la consciencia empírica.

Una de las características de la fenomenología, en el contexto dinámico de su análisis complejo, es su analítica minuciosa, que identifica las diferencias de la composición compleja del fenómeno, sin separarlas y aislarlas. No solamente se distingue consciencia trascendental de consciencia empírica, sino, también, lo que vendría a ser del cogito cartesiano el sum, el Yo soy; es decir el Yo. Sin embargo, en relación a este concepto, la fenomenología, no solamente tiene sus diferencias y reparos, sino tiene otra concepción, más bien dinámica y compleja. No hay un Yo, sino distintas posiciones del Yo – usando una caracterización de Michel Foucault sobre el sujeto -; recurriendo al lenguaje kantiano, un Yo trascendental, conectado con un Yo empírico; también podríamos, por lo menos, mencionar entre estos Yo, un Yo que hace como de mediación; entre el Yo trascendental y el Yo empírico. Un Yo que puede llegar a ser considerado como Yo puro; mas bien, Yo simbólicamente el Yo trascendental; empero, no llega a ser él. Para no hacerlo difícil, el Yo trascendental es inaprensible; escapa a toda aprensión; sin embargo, es el que intuye, para decirlo con nuestras palabras, que son más kantianas, la experiencia de la exterioridad; así como la experiencia de la interioridad. Entonces, tenemos una diferencia entre la consciencia interior y la consciencia, si se quiere, de la exterioridad. La consciencia interior se distingue de la consciencia de la exterioridad, porque, exactamente, no es consciencia, en el mismo sentido que la otra lo es. Las vivencias de la consciencia de la exterioridad, con todos sus momentos, el momento trascendental y los momentos empíricos, no son propiamente vivencias, sino percepciones; en tanto que la consciencia de la interioridad experimenta, por así decirlo, propiamente vivencias; sin embargo, éstas no pueden considerarse propiamente percepciones, sino de manera simbólica. 

Lo complejo, en sentido de la perspectiva de la complejidad, y lo enriquecedor, en la fenomenología, es que toda esta dinámica fenomenológica es considerada en su totalidad, en sus articulaciones, composiciones y combinaciones, en un análisis minucioso del fenómeno complejo, donde consciencia, percepción, sentido, objetivación, interioridad y exterioridad, se encuentran íntimamente vinculadas, entrelazadas, incidiendo en cada componente de esta complejidad. Claro está, que la fenomenología, como hemos dicho en otros escritos[1], jerarquiza la preponderancia del sujeto o de la actividad del sujeto, inmerso en la complejidad vivida del fenómeno. 

No nos interesa detenernos en la diferencia que encontramos, de acuerdo a nuestra interpretación, entre Investigaciones lógicas I e Investigaciones lógicas II; entre la parte introductoria de Investigaciones lógicas II y el resto de los capítulos. Esta discusión, con aire de erudición, no nos interesa. Lo que queremos remarcar, para decirlo, un poco provocadoramente, cuándo la fenomenología es propiamente fenomenología, tal como la asume Merleau Ponty. Decimos que la fenomenología es propiamente fenomenología, en Investigaciones lógicas II, sobre todo a partir del capítulo dedicado a la fenomenología de la consciencia.

Siguiendo con la exposición y nuestra interpretación, consideramos que el aporte de este capítulo, corresponde a la tesis, de consecuencias fuertes, de la propensión intencional, tanto de la intuición, así como del conocimiento, pasando por las significaciones, que convergen en el sentido, es la concepción dinámica y activa de la fenomenología, inmersa en el acontecimiento del fenómeno.  Esto, que llamaremos la propensión intencional de la consciencia, de la intuición, de las representaciones, del conocimiento, también de la teoría, es lo que lleva consecuentemente la tesis de los actos, en su pluralidad, como constitutivos del fenómeno, en tanto vivencia, contenidos, percepción y conocimiento, a partir de la núcleo activo de la consciencia trascendental; lo que hace activo no solamente al sujeto de la intuición, al sujeto de la percepción, al sujeto de conocimiento, sino a la complejidad misma del fenómeno, experimentado y vivido por el sujeto. Fenómeno complejo, que se convierte en el campo de contenidos dinámicos de la consciencia[RPA1]  y del conocimiento.

En resumen, hay una multivocidad de la consciencia, la consciencia como unidad fenomenológica-real de las vivencias del Yo, la distinción entre la consciencia que vive y el contenido vivido, la conciencia como vivencia interna y percepción externa, la relación entre la consciencia de la interioridad y la consciencia de la exterioridad, la relación entre el Yo puro y el ser intuido, que Husserl denomina ser conscio[2].

Conclusiones premeditadas

Haciendo justicia, después de lo que anotamos respecto a Investigaciones lógicas I y la parte introductoria de Investigaciones lógicas II, sobre todo, compartiendo con Michel Foucault sobre el fracaso del proyecto fenomenológico, restringido a los acotamientos o pretensiones de la ciencia de la ciencia, la epistemología, concebida a partir de la lógica pura; proyecto, que también muestra palpablemente lo que consideramos la imposible ontología; podemos, ahora, valorar, desde nuestra perspectiva, lo que consideramos el aporte valioso de la fenomenología compleja y dinámica de Husserl; que se va a convertir en la herencia indispensable para la crítica materialista de la percepción de Merleau Ponty, para la crítica deconstructiva y las teorías nómadas, contemporáneas. Incluso, desde nuestra interpretación, herencia para el pensamiento complejo.

Aunque pequemos de exageración, incluso de inclinación tendenciosa, lo vamos a decir: Para nosotros Edmund Husserl cierra el ciclo de la filosofía moderna, así como Emmanuel Kant es el que abre este ciclo. Estos son los filósofos más importantes, desde el aporte a la filosofía moderna y su estructuración, otorgándole una identidad propia; la de la crítica y la del análisis trascendental. El resto, pecando de cierta injusticia con algunas excepciones destacadas, lo que hace es reaccionar ante la irradiación de teorías filosóficas sistemáticas, solventes y críticas, llevando consecuentemente a la radicalidad, lo más influyente del pensamiento moderno. Para dar solo algunos ejemplos; Wilhelm Friedrich Hegel reacciona preocupado y hasta desesperado - ver su carta a propósito, después de escribir Fenomenología del espíritu -,  a la anomalía salvaje – usando la calificación acertada de Antonio Negri - de Baruch Spinoza y la deconstrucción – usando un término apropiado de Jacques Derrida - de la razón de Emanuel Kant. Martin Heidegger reacciona poéticamente ante la apertura fenomenológica de Edmund Husserl, dándole una tonalidad nihilista y hasta restringida, en los alcances interpretativos de la complejidad enfrentada en la modernidad tardía. En comparación, Heidegger tiene una actitud filosófica conservadora, a pesar de su seductora poesía especulativa filosófica, que, en vez de profundidad, embarniza de mitología a los conceptos. Friedrich Nietzsche es el demoledor de la filosofía moderna, como crítica del nihilismo; no es Karl Marx, como creen los marxistas. Marx continua la filosofía moderna por otros caminos; el del materialismo dialéctico; por otra parte, abre un campo epistemológico crítico de la economía política y de las estructuras de dominación, sustentadas en esta economía política; cuya proyección es la crítica de la “ideología”; su gran aporte subversivo.

La fenomenología, tal como aparece en Investigaciones lógicas II, abre el camino al análisis de la complejidad; sobre todo, es el antecedente inmediato de la fenomenología de la percepción de Merleau Ponty; que puede considerarse ya como una pos-filosofía, que cruza los límites del horizonte epistemológico de la modernidad, incursionando en el umbral, que despunta hacia los terrenos de las posibilidades abiertas para la comprensión de la complejidad, sinónimo de realidad.





[2] La nota de los traductores, es decir, de Manuel G. Morente y José Gaos, al respecto es la siguiente: Traducimos por ser conscio la palabra alemana “Bewusstheit”, forjada por Natorp para designar el darse cuenta, el tener consciencia, el ser conscio, independientemente de algo que la consciencia se da cuenta o es conscia. Los contenidos de que la consciencia es conscia son, sin duda, varios y diferentes; pero el ser conscia de ellos, el darse cuenta de ellos, es siempre idéntico, y eso es lo que Nartorp designa con la palabra “Bewusstheit”.


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domingo, 31 de julio de 2016

Las formas del despotismo matizado

Las formas del despotismo matizado


Raúl Prada Alcoreza


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Hemos dicho, en un ensayo anterior, que la modernidad no se abre a la democracia, como comúnmente se cree, sino, más bien, al despotismo matizado; autonombrado, impropiamente democracia[1]. Sin embargo, se puede aceptar que este despotismo matizado adquiere la institucionalidad de la democracia formal; donde el pueblo es sustituido por los representantes, las voces plurales del pueblo por las voces parecidas, casi homogéneas y repetitivas de los representantes. Las voluntades múltiples del pueblo por la voluntad general, una abstracción, que, en vez de responder a las voluntades populares, mas bien, legitima la usurpación de las voluntades populares, legitima al Estado-nación, a la república, como síntesis política de la pluralidad social. Cuando esta síntesis no es más que la sustitución de la sociedad por el Estado; es decir, por la separación de Estado y sociedad, donde el Estado ejerce el poder concentrado de las dominaciones condensadas. A estas sustituciones y usurpaciones, autodenominadas democracia institucional, que se afirman, jurídica y políticamente, en el Estado de Derecho; es decir, en la Ley abstracta, que unge de legalidad al gobierno de la clase dominante, usurpando la potestad al ejercicio de la democracia, que corresponde al autogobierno del pueblo.

Ahora, nos interesa dibujar, por así decirlo, un mapa de las formas del despotismo matizado, autodenominado democracia, que no es otra cosa que la democracia limitada por el Estado; en otras palabras, la democracia formalizada y circunscrita a los márgenes definidos por el poder constituido. Podemos comenzar con la forma liberal de la democracia; es decir, con la forma de despotismo matizado, en su versión liberal.

La forma de despotismo matizado liberal, que es como la línea de base, jurídico-política, del Estado-nación, se conforma de una manera, por así decirlo, clásica; una Constitución republicana, que se sustenta en la Ley; es decir, en el Estado de derecho. Una arquitectura institucional basada en la división de poderes, buscando equilibrio y compensaciones entre los poderes, que están encargados de garantizar el cumplimiento de la Ley; vale decir, el cumplimiento de los derechos civiles y políticos, así como los deberes. La Ley se sustenta no solamente en la Constitución; es decir, en la razón jurídica y en la voluntad general política, sino también, para garantizar el cumplimiento de la Ley, en la fuerza que coacciona para su cumplimiento. Además de la malla institucional estatal, la sociedad civil está atravesada por otras mallas institucionales, encargadas de forjar al individuo moderno, consciente de sus derechos y deberes, además de adiestrado largamente a asimilar los hábitos de la democracia institucionalizada.

Otra forma de despotismo matizado viene cuando el Estado-nación, experimentando las crisis de adecuación de este diseño constitucional republicano, adecúa su arquitectura, su estructura, no tanto así de las mallas institucionales, sino, mas bien, su uso práctico, a las demandas sociales y, sobre todo, a las necesidades estatales. Buscando un modelo, que pueda permitirnos la comparación, particularmente con el modelo liberal, que es como el ideal jurídico-político de la democracia formal, definiremos un modelo promedio, por así decirlo, de una variedad, mas bien, contingente de formas de despotismo matizado, de estas adecuaciones concretas del Estado-nación, en los suelos donde se asienta. Hablaremos de la forma de despotismo matizado populista.

La forma de despotismo matizado populista corresponde no solamente al ideal jurídico-político del Estado de derecho, sino también y, sobre todo, a los asentamientos prácticos en contextos específicos. Corresponden, entonces, a la experiencia estatal asimilada y a las respuestas concretas del Estado-nación a los problemas experimentados. Por eso, se dan variaciones discursivas en la interpretación de la Constitución, en la simbolización del Estado, particularmente en la interpretación de la democracia formal. La forma populista va ampliar la significación de la democracia institucionalizada, connotando, demagógicamente, un gobierno del pueblo; empero, dirigido por los representantes patriarcas y mesiánicos. Este desplazamiento discursivo, también “ideológico”, coadyuva a salir de la crisis de legitimidad de la forma liberal, ante las demandas populares, ante las reivindicaciones sociales, logrando, por lo menos, en un lapso, la relegitimación de un Estado-nación en crisis.

En otras palabras, la forma de despotismo matizado populista, es ya la concretización de las mecánicas estatales, ante la premura de las circunstancias y contingencias políticas. Si podemos ilustrar, podemos decir, que la forma populista es la manifestación real del Estado-nación, ante las demandas reales de una sociedad efectiva. En cambio, la forma liberal, era, todavía, el diseño ideal de la democracia formal. En la práctica, este Estado ideal, en sentido liberal, nunca alcanzó a realizarse en los gobiernos liberales. Basta una revisión histórica-política del ejercicio gubernamental liberal para comprobar esta tesis.

Otra comparación entre ambas formas de despotismo matizado, la liberal y la populista, puede ser dada en relación al ideal del Estado de derecho.  La forma de despotismo liberal, al tener como ideal supremo al Estado de derecho, no prestaba oídos ni la vista, para constatar las distancias entre su ejercicio gubernamental y el modelo ideal. Sencillamente afirmaba que sus actos corresponden, al pie de la letra, al cumplimiento de la Constitución. La forma de despotismo matizado populista, en cambio, supone un desplazamiento en la forma de Estado; habla de un Estado popular, que supuestamente va más allá que el Estado de derecho, en cuanto a los derechos; por ejemplo, del trabajo, por ejemplo, sociales; así como también en lo que respecta a la soberanía nacional. Sin embargo, efectivamente, el Estado popular, no deja de tener como núcleo orgánico, en sentido jurídico-político, al Estado de derecho. El Estado popular no es otra cosa que las desmesuras prácticas dadas, respecto al núcleo jurídico-político del Estado de derecho. Es el Estado de derecho en su realización efectiva; es decir, abarcando las deformaciones prácticas, relativas a la ejecución del poder, respecto al modelo ideal.

La siguiente forma de despotismo matizado, no en el sentido de secuencia, sino del orden del cuadro que presentamos, es la forma socialista. Aunque la forma socialista pretenda ir más allá de la democracia formal, teóricamente, del Estado liberal, la forma socialista no salió de la arquitectura institucional del Estado-nación; es decir, jurídica y políticamente, de la forma república. A pesar de que ya no se conforme a partir del eje de la división de poderes, sino, mas bien, concentrando el poder en la centralidad gubernamental.  La forma de despotismo matizado socialista se reclama estar tan cerca del pueblo y la sociedad, de las mayorías explotadas, que postula ser la verdadera democracia, pues es el proletariado, es decir, la esencia significativa del pueblo, la que ejerce el poder, a pesar de que este ejercicio este mediado por el partido; la representación nucleada y profesional del pueblo. Por esto, no podemos sino situar a la forma socialista como parte de las formas del despotismo matizado.

¿Cuál la relación entre el Estado socialista y el modelo ideal del Estado de derecho? Se define un Estado social o Estado de trabajo; sin embargo, este Estado social no es más que otra desmesura, mayor, ciertamente, que la del Estado populista, respecto al Estado de derecho. Si bien la Constitución socialista es diferente a la Constitución liberal, lo que no ocurre tanto con la Constitución populista, que, mas bien, se aproxima más a la Constitución liberal, la Constitución socialista se basa, en su enunciación, en derechos, esta vez, preponderantemente sociales; otorgando, sin embargo, atribuciones desmesuradas al gobierno socialista. Como se puede ver, el paradigma de derecho, es decir, jurídico, es como el eje “ideológico” fundamental de la Constitución socialista, aunque el cuadro de los derechos ya no sean solamente los derechos civiles y políticos, sino, preponderantemente los derechos sociales. De todas maneras, aquí tenemos como dos desplazamientos; uno, respecto al Estado de derecho; otro, respecto a la concepción de los derechos mismos. Empero, hay que tener en cuenta, que estos desplazamientos no lo convierten en algo diferente a otra forma de despotismo matizado.


Por último, hablaremos de la forma de despotismo matizado neoliberal. Aparentemente la forma neoliberal es un retorno más eficaz y más moderno al Estado liberal; sin embargo, hay que anotar que, como las otras formas de despotismo matizado, a diferencia del modelo ideal del Estado liberal, es ya, en la etapa tardía de la modernidad y del capitalismo, una concreción política e institucional, debido a la experiencia estatal acumulada. En este caso, la adecuación práctica no se da en relación a las demandas sociales, sino más bien, por así decirlo, a las demandas económicas.  Entonces, en este caso, no se da, exactamente, una desmesura respecto al Estado de derecho, sino, mas bien, contención y restricción, pues se restringen los derechos sociales, se amplían los derechos empresariales, teniendo como referente “ideológico” la libertad de mercado y la libertad de empresa. A diferencia de las otras formas de despotismo matizado, el Estado neoliberal está más acá del Estado de derecho.

¿Por qué ocurre este fenómeno, de alguna manera, opuesto a las otras formas de Estado? Podemos decir, a modo de interpretación, que las demandas económicas tienen un campo de extensión menor que las demandas sociales. En este caso, el de la forma de despotismo matizado neoliberal, se puede presumir una solución técnica, frente a las soluciones demagógicas o utópicas, por así decirlo, de las otras formas de Estado. Parece que es más fácil responder al cuadro de demandas económicas que al cuadro de demandas sociales y populares. Las formulas políticas son más esquemáticas y aparentemente más simples; en contraste de las formulas políticas populistas y las formulas políticas socialistas, que tienden a ser barrocas, en el caso del populismo, y burocráticas, en el caso del socialismo.

Observando la historia reciente política, podemos constatar, que la forma neoliberal, ingresa rápidamente a la crisis de legitimidad, precisamente por su referente acotado en el campo económico. Lo que no ocurre necesariamente con la forma populista y la forma socialista, que generalmente tienden a lograr legitimidad, por lo menos, en los primeros periodos de sus formas gubernamentales. De todas maneras, unas formas de poder en comparación de otras formas de poder, pueden tener periodos, más largos o más cortos, de legitimidad; sin embargo, todas estas formas tienden a converger en la crisis múltiple del Estado-nación.

Un anexo. Hablaremos de una forma de despotismo matizado, aunque estrictamente no sea tal, que expresa las características del ejercicio del poder en el crepúsculo de la modernidad y del sistema-mundo capitalista; hablamos, en plural, de las formas de despotismo matizado en la etapa de la decadencia.

Las distintas formas de despotismo matizado, tienden, en la etapa de la decadencia, de la era de la simulación, a parecerse, cada vez más, en el ejercicio del poder, como tendiendo a un mismo modelo de ejecución. A pesar de sus diferencias discursivas y de las remarcadas diferencias “ideológicas, entre las formaciones discursivas de las distintas formas de despotismo matizado, todas tienden, en esta etapa, a un mismo comportamiento en el ejercicio del poder. Un rasgo característico es, que estas formas de Estado, comparten la tendencia más marcada al despotismo, incluso al totalitarismo, tendiendo al Estado de excepción; poniendo en suspenso los derechos, bajo la excusas de la situación de emergencia. Esta situación de emergencia compartida por todos es el terrorismo.

Con la excusa del terrorismo, de la guerra contra el terrorismo, la amenaza fundamental, hoy en día, las distintas formas de despotismo matizado suspenden derechos, se acercan al Estado de excepción, incluso llegan a declarar el Estado de excepción. Entonces, una pregunta es pertinente: ¿en la etapa de la decadencia, en qué se diferencian las distintas formas de Estado? No encontramos esta diferencia en la manera de ejercer el poder, salvo en los discursos, en las “ideologías”, quizás hasta en las políticas; sin embargo, todas estas formas, luchan denodadamente por conservar el poder, por defender los privilegios de las nuevas composiciones de la burguesía, integrando a nuevos ricos o a formas empresariales altamente especulativas.

Otro rasgo característico de esta sintonía de las formas de despotismo matizado, es lo que podemos denominar la transversalidad dominante de las formas de la economía política del chantaje, de las formas de poder paralelos, de las prácticas no institucionalizadas; es decir, de la invasión de lo no-institucional en las mallas institucionales del Estado. Del papel determinante del lado oscuro del poder, que subsume el lado luminoso del poder.











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