miércoles, 30 de marzo de 2016

Estrategias y aparatos

Estrategias y aparatos

Raúl Prada Alcoreza

















En vez de estrategias hay aparatos. La estrategia, dicho de manera resumida, es el arte de preparar la disposición de las fuerzas, de distribuir y desplegar su movilización, así como de la logística de abastecimiento. En tanto que los aparatos, como máquinas de poder, son tecnologías de dominación articuladas a mallas institucionales. Si bien, la estrategia, en su sentido primicial, el de la guerra, se propone una finalidad, ganar la guerra, los aparatos de poder no tienen necesariamente una finalidad, salvo que se entienda por ésta la conservación misma del poder. Las estrategias son operativas, se exponen, preferiblemente, de una manera clara, de tal modo que se entiendan transparentemente las órdenes o los comandos. En cambio, los aparatos de poder no necesariamente se expresan de una manera clara; es más, suelen expresarse, mas bien, de una manera confusa, ambivalente, abigarrada, de tal manera que los mensajes puedan connotar varias interpretaciones, incluso contradictorias. Las estrategias deben ser eficaces, incluso audaces, deben adquirir la destreza de movimientos veloces, envolventes y hasta sorprendentes. En cambio, los aparatos de poder hallan su efecto esperado o buscado en la densidad de su funcionamiento maquínico; logran su objetivo por el peso gravitante de la maquinaria. Puede no buscarse la velocidad de los movimientos aparatosos, pues en la dilatación, en el ajetreo burocrático, en el estruendo monstruoso de sus engranajes, consigue vencer, por la inercia de la recurrencia repetitiva de lo mismo.

El secreto, entonces, de los imperios, del Estado-nación potencia imperialista, del Estado-nación mismo, ya sea dominante o subalterno, se encuentra en el peso de sus maquinarias, de sus aparatos de poder.  No en sus “estrategias”, que corresponden, mas bien, a los discursos “ideológicos”.  De manera diferente, los movimientos sociales anti-sistémicos, más si se convierten en contra-poderes, requieren, en sus luchas, no solo de convocatoria social, no solo de una comprensión colectiva crítica de parte de los movilizados, una comprensión social de la coyuntura, de las características estructurales del momento, de su crisis, sino de estrategias efectivas, de estrategias encarnadas en las formas, contenidos, expresiones y organizaciones de los movimientos sociales. Estrategias que pueden ser expresadas de manera teórica-política, con mayor o menor conceptualización de la complejidad, sin embargo, la clave del funcionamiento estratégico no se encuentra en el discurso, en el alcance teórico, sino en la logística misma de la estrategia, en su capacidad de abastecimiento motivacional, convocativo, si se quiere, incluso “ideológico”, tratándose de una “ideología” crítica de la “ideología, que puede nombrarse como utopía; la clave se encuentra en el avituallamiento material de las fuerzas movilizadas.

Se denomina aparato al compuesto de partes ordenadas, ajustadas y dispuestas sistemáticamente, como distribución engranada de distintos dispositivos, que pueden combinar elementos mecánicos, automáticos, energéticos o de otra índole; los cuales, articulados, realizan funciones definidas. Habitualmente se acostumbra emplear el término aparato para referirse a una máquina, a una organización; en la morfología y fisiología, el aparato es una conexión de órganos, que desempeñan la misma función. Se puede considerar al aparato como una máquina, que supone una estructura más desarrollada y compleja que un sistema.

Cuando hablamos de aparatos en vez de estrategias, distinguimos no dos sistemas, sino una máquina sistemática y un flujo de fuerzas coordinadas; en otras palabras, distinguimos entre una estructura sistémica y una estructura fluida, en constante desplazamiento. Siguiendo con las comparaciones, podemos decir que los aparatos corresponden a estructuras sólidas; su arquitectura y construcción responden, mas bien, a ser consistentes, a resistir, no en el sentido de resistencia como Foucault decodifica, sino en el sentido de resistencia que hemos concebido en Pliegues y despliegues de los movimientos sociales[1]; es decir, cuando decimos que es el Estado, el poder, el que resiste, frente al desborde contante de la sociedad alterativa. Entonces, los aparatos están construidos para resistir el embate permanente de la sociedad alterativa. La valorización de los mismos se efectúa por su capacidad de resistencia, así como se evalúa y calcula la resistencia de los materiales y del conjunto de materiales de una construcción arquitectónica. En cambio, las estrategias, en el sentido asumido por nuestra interpretación, están concebidas, mas bien, para demoler, para destruir resistencias, para envolver y avasallar, ocupando territorios, generando espacios nuevos.

Volviendo a nuestros conceptos nómadas[2], podemos decir que la estrategia es un instrumento de guerra, en el sentido de las sociedades nómadas, y el aparato, es una máquina sedentaria, construida para detener el movimiento fluido o, en su caso, para capturar estos movimientos fluidos e integrarlos al funcionamiento de la máquina estatal.

De lo que exponemos, no se puede deducir que necesariamente los aparatos son máquinas sistemáticas conservadores, en tanto que las estrategias son estructuras dinámicas transformadoras, disposiciones de flujos de fuerza en movimiento. Todo depende del papel que juegan los aparatos en un contexto histórico-político determinado, y del rol que cumplen las estrategias en contextos, coyunturas y periodos determinados. Lo que importa, por el momento, es distinguir las características dinámicas y mecánicas de los aparatos y de las estrategias, características que los diferencian.

Puede ocurrir que los aparatos usen estrategias para destruir las fuerzas movilizadas de la sociedad alterativa, así como las fuerzas movilizadas contestatarias recurran a aparatos para defenderse de estas estrategias estatales. Sin embargo, hay que considerar ciertas modulaciones diferentes. Los aparatos del Estado atacan a las fuerzas movilizadas a lo que creen encontrar como gérmenes, organizaciones de un proto-Estado. ¿Ocurre algo parecido, aunque de manera inversa, con las fuerzas movilizadas; por ejemplo, creer encontrar en el Estado algo así como una forma de ataque envolvente y destructivo por parte de esta maquinaria fabulosa? Es este el lugar agitado donde se dan los equívocos, las interpretaciones erradas, tanto en el caso de los aparatos, como en el caso de las estrategias. En principio, la movilización anti-sistémica, es, con notoria evidencia, contra-poder; en este sentido, por lo menos, de una manera, inmanente, es contra-Estado. Si, después, en el desenvolvimiento del proceso político, la movilización tiende a organizarse como proto-Estado, es porque la finalidad de contrapoder se ha convertido en la finalidad de la toma del Estado, el asalto al palacio de invierno. Es cuando, ya la movilización tiende, a limitar sus alcances interpeladores y demoledores, respecto a las estructuras de poder, reduciendo sus alcances a la reforma, aunque ésta aparezca como más radical, teniendo en contraste otras manifestaciones menos radicales, pues renuncia a la destrucción del poder, conformándose con sustituir el poder de clase dominante por el poder popular. Que en tanto poder no es otra cosa que economía política del poder, que separa a la potencia social de lo que puede, de sus fuerzas desencadenadas, para convertir a las fuerzas capturadas en reproductoras del poder; es decir, de las dominaciones polimorfas, aunque se lo haga con otros discursos, con otros guiones, con otros personajes.

Cuando las estrategias de la movilización creen encontrar en los aparatos del Estado una especie de movilización permanente conservadora, que hace uso de estrategias destructivas, considera al Estado como la centralidad organizada de la permanente represión. Entonces, se termina explicando el Estado solo como monopolio de la violencia.  Cuando el Estado no se reduce solo al ejercicio constante de la violencia, sino que seduce, en los mejores momentos del Estado, incorpora, hace también reformas, amplia sus bases de apoyo y la extensión de su legitimación. Si puede darse lo que cada polaridad cree encontrar en el otro, como simetría de operaciones en la confrontación, no tienen, en todo caso, el mismo sentido matricial, que cuando interpretamos estas formas de sedentarización en contraste con las formas de nomadismo, en su situación inaugural.

Lo que pueda acercarse a la estrategia del Estado para destruir las fuerzas subversivas es como un desprendimiento del funcionamiento de los aparatos, que una estrategia encaminada a liberar territorios, cuerpos y colectividades, como ocurre con las estrategias de las movilizaciones anti-sistémicas. Lo que pueda acercarse a la forma de proto-Estado en las fuerzas movilizadas, por lo menos, en un principio, están más cerca de los fluidos magmáticos, que inventan nuevos espacios de relaciones, que equivaler a lo que son las máquinas de fijación del Estado. Sin embargo, este lugar incierto, donde las formas se cruzan, así como sus contenidos y funcionamientos, es como suelo móvil donde los enemigos pueden llegar a parecerse.





[1] Ver Pliegues y despliegues de los movimientos sociales. pradaraul.wordpress.com. https://pradaraul.wordpress.com/2015/11/26/pliegues-y-despliegues-de-los-movimientos-sociales/.

[2] Ver Desde la sinfonía musical del universo hasta la sinfonía social. pradaraul.wordpress.com. https://pradaraul.wordpress.com/2015/10/20/alteridad-y-nomadismo/.


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