viernes, 10 de junio de 2016

La pose del macro-equilibrio económico

La pose del macro-equilibrio económico



Raúl Prada Alcoreza


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El argumento preferido del Ministro de Economía y Finanzas Públicas es el del equilibrio macro-económico. El resto del gobierno se ampara en este argumento. El Vicepresidente la repite o la supone en sus propios argumentos; el presidente la asume como la gran verdad recién descubierta. Sobre la base de este fin y medio se basa la negación del gobierno a ceder a la demanda de la movilización dramática de los denominados, mediáticamente, “discapacitados”. También es el referente argumental del cierre tramposamente hecho a los fabriles de ENATEX; cuando se les anuncio que se iba a pintar la fábrica, en cambio, en realidad, se la clausuró, para no abrirla más. El argumento era el mismo, se cerrarían las empresas públicas no rentables. Recordando cuando la abrieron, después de comprarla a la empresa privada, no hace mucho, con toda publicidad y festividad, los discursos hablaban de “industrialización” y el “crecimiento de las exportaciones manufactureras”. ¿Cómo ha cambiado tan rápidamente la situación? ¿La demanda mundial de textiles ha variado de la noche a la mañana? ¿Bolivia se ha vuelto, de repente, incompetente en esta fabricación de textiles? ¿El Estado norteamericano ha cerrado las gangas de la ATDPA? El gobierno, como siempre no responde a las preguntas. Sino que acude, en estos casos, económicos, a su argumento reiterativo, explícito o implícito: el equilibrio macro-económico.

Los custodios del equilibrio macro-económico, evitan gastar en la demanda de los “discapacitados”, que además es un derecho constitucionalmente legado; fuera de un compromiso del gobierno al anular el fondo que iba para financiar a los partidos, que supuestamente, según el gobierno sería destinado precisamente a los “discapacitados”. ¿Dónde se destina este dinero? También evitan invertir en ENATEX, pues no habría tasa de retorno, sino pérdidas. ¿En los demás gastos se comportan de la misma manera? ¿En todas las políticas económicas se conducen de igual forma? Veamos algunos ejemplos.

Cuando se trata de elaborar y aprobar una Ley Minera, que no solo mantiene las condiciones entreguistas neoliberales, sino que las empeora, donde los porcentajes que recibe el Estado son paupérrimos, si comparamos con la tributación que dejan los hidrocarburos. Estimando por cálculo se le escapan al Estado miles de millones de dólares. Peor aún, cuando el Estado no accede a los efectos multiplicadores de las transformaciones materiales de la producción y de la industrialización; cuando la pérdida puede contabilizarse por mucho más; fuera de consolidar la dependencia. ¿El comportamiento económico, en políticas económicas, es el mismo, es de equilibrio macro-económico? ¿Se habla de equilibrio macro-económico o de algo parecido? Si comparamos lo que el Estado perdería, supuestamente, por ceder a la demanda de los “discapacitados” y a la demanda de los fabriles, no hay punto de comparación con lo que efectivamente pierde en la preservación de la condición de la dependencia del país, en la condición de economía primario exportadora; además con las características lamentables y entreguistas de la Ley Minera, de la entrega de las concesiones y del control ejercido por empresas trasnacionales extractivistas, que controlan el 70% de la explotación minera.

Ahora bien, si nos adentramos al rubro hidrocarburífero, que como mostramos, parece mejor que el rubro minero. Hasta ahora no se ha resuelto satisfactoriamente el problema del valor calorífico del gas húmedo. Hablamos de una pérdida superior a los 700 millones de dólares por año. Lo que se ha hecho, en principio, es establecer un porcentaje pírrico al valor calorífico, prácticamente obsequiado; después, se han instalado plantas separadoras, que llaman los funcionarios del gobierno “plantas industriales”; sin tener mucha idea de lo que es industrialización. Sin distinguir una operación mecánica de separación de una operación de transformación e industrialización. Estas plantas separadoras no han resuelto el problema de la transferencia del gas húmedo, que va a Brasil. Pero, esta información no la transmiten, como es de costumbre. Lo que sí se sabe, basta la comparación con costos internacionales, es el sobreprecio sobrecargado de las plantas separadoras. ¿Este es un comportamiento al estilo del equilibrio macro-económico? Por otra parte, de la nacionalización de los hidrocarburos a la desnacionalización de los Contratos de Operaciones, lapso que duro un año, nunca se fundó efectivamente YPFB, salvo demagógicamente; nunca ha dejado de ser una oficina de administración. En el mejor de los casos, convertida en una central administrativa nacional; que no tiene el control técnico de la producción hidrocarburífera. Esto lo siguen haciendo las empresas trasnacionales, debido a los Contratos de Operaciones, refrendados por el “patriótico” Congreso Plurinacional. ¿Cuánto se pierde por estas desfachateces del gobierno, para no decir otra cosa, usando palabras más duras y cercanas a lo que ocurre? ¿Es éste un comportamiento de equilibrio macro-económico?

Si continuamos con la lista, nos encontraremos con una lista catastrófica y abultada. No lo haremos, seguiremos con lo más positivo. Las mentadas carreteras. No se puede desconocer la expansión de la infraestructura comunicacional, que vertebra al país. Cierto; empero, los desbordados costos no pierden la costumbre; todos son sobrecargados de sobreprecios. Esto de ninguna manera se puede llamar cuidar el equilibrio macro-económico, a pesar de las bondades comunicativas de las carreteras; en todo caso, sería un chantaje emocional, para cubrir a las bribonadas oficiales y de las empresas constructoras. La Planta Industrial de Carbonato de Litio, que ahora le han bajado el perfil, solo ha sacado inversión; en principio un monto de 19 millones de dólares; ¿hasta cuándo ha llegado? No lo dicen. Sin resultados, con denuncias de los propios trabajadores de montajes, tramoyas y trampas groseras. Una estafa al pueblo boliviano. La Planta de Amoniaco y Urea de Bulo Bulo, cuyas tierras se entregaron a las dirigencias sindicales como reconocimiento; después, se les “indemnizó”, cuando se decidió que la Planta de Amoniaco y Urea se instalaba en el Chapare. No en Puerto Suarez, como correspondía por lógica, de acuerdo a las cercanías del mercado y del gas; energía a utilizarse. La pérdida por “indemnización” a los propietarios, que recibieron las tierras gratuitamente, por transferirse estas tierras a la Planta de Bulo-Bulo; la pérdida en elevados costos de producción por no construirse en Puerto-Suarez; además de las pérdidas debido a una proliferación de improvisaciones, son notablemente altas. ¿Este es un comportamiento al estilo del equilibrio-macroeconómico?

Para no seguir con la lista larga, solo tomando el último ejemplo escandaloso, para terminar. El de las contrataciones con una misma empresa China ya conocida y famosa por sus incumplimientos y matufias. Esta empresa, la CAMC, que en principio, tenía que fabricar las famosas barcazas para Puerto Busch, que nunca llegaron a Bolivia y quedaron confiscada en China, después de haberles pagado la totalidad. Quedando el Estado boliviano como deudor por arrendamiento de galpones donde se las guarda. Después, se cambió el perfil de los contratos. Todos estratégicos, incluyendo la Empresa Azucarera San Buenaventura y la Planta de Amoniaco y Urea de Bulo Bulo, fuera de la Represa de Misicuni y otros proyectos estratégicos. ¿El Ministro de Economía, el Vicepresidente, el Presidente, el Congreso, la Contraloría, la Fiscalía, no saben que estos contratos, la forma de hacerlos, fuera de los escándalos, vulneran la Ley de Contratación de Bienes y Servicios? ¿No lo saben? ¿Cómo pueden no saber esto o hacerse a los desentendidos? En cambio dicen saber sobre las leyes del equilibrio macro-económico. Bueno, la pérdida se aproxima o ha sobrepasado los mil millones de dólares. No se sabe, a ciencia cierta, pues como todo se oculta, es secreto de Estado, no se pueden calcular los montos exactos. No nos van a decir que este es un comportamiento relativo el equilibrio macro-económico.

¿Dónde está la coherencia de hablar de equilibrio macro-económico cuando se trata de los “discapacitados” y de los fabriles y no referirse a este referente, tótem y tabú de los economistas, del Ministro de Economía y del gobierno? No hay ninguna coherencia. ¿Cómo explicar esta incoherencia?

El discurso del equilibrio-macro-económico no sirve para orientar una política económica cautelosa, incluso si se reduce a la concepción de cajero, que parece tener el ministro, sino para legitimar la continuidad del estilo de políticas monetaristas, que impone e Sistema Financiero Internacional; amo del sistema-mudo financiero, al que pertenece Bolivia y al que sigue al pie de la letra el Ministro de Economía. Al Sistema Financiero Internacional no le interesa el equilibrio macro-económico mundial, sino el avance del capitalismo especulativo, la preservación de las burbujas financieras, la exacción a los pueblos, que deben pagar por créditos onerosos. Esta es la realidad efectiva de ese discurso monetarista. ¿En dónde queda el “antiimperialismo” del gobierno? Lo mismo, este discurso no sirve para pelear con el imperialismo efectivo, real, de carne y hueso, sino para convencer al pueblo que el gobierno es “antiimperialista”, que en el siglo XXI sigue las tradiciones de las luchas antiimperialistas del siglo XX.  Para hacerle creer a los funcionarios de la propaganda de los Estados del imperio que enfrente tiene unos “gobiernos antiimperialistas”. ¿Quiénes se toman en serio semejante cosa? Obviamente la masa de llunk’us del partido oficialistas, que viven de esta política del chantaje; los medios de comunicación estatales, que se desgañitan en la estridencia “antiimperialista”, que no le llega al imperialismo, por ningún lado. ¿Creen los voceros del gobierno en este discurso o lo dicen por inercia?

Como dijimos antes, en la era de la simulación, el poder funciona, en gran parte, por los mecanismos de la simulación; entre ellos, por la economía política del chantaje. No tiene ningún sentido, en estos escenarios, discutir sobre la pertinencia o no del equilibrio macro-económico; sería como caer en una narrativa cuantitativa, que es un ejercicio universitario, que nadie toma en serio, salvo como instrumento discursivo disuasivo. El debate de fondo es sobre la crisis generalizada del sistema-mundo capitalista; la pregunta pertinente es: ¿qué se hace ante semejante decadencia? ¿Se la sigue soportando en una especie de adormecimiento condescendiente y cómplice? ¿O se enfrenta este derrumbe del principio de realidad y se coloca, otra vez, en la mesa, el debate sobre la dependencia? ¿Por qué no discutir de frente las características actuales de la reproducción del poder, el valor efectivo y la función operativa de los discursos demagógicos, se reclamen ellos de “antiimperialistas” o se reclamen de austeros partidarios del equilibrio macro-económico?






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