México: Intensidades sociales y territoriales
Estado-nación, resistencias y revolución
Raúl Prada Alcoreza
Estadonacion.pdf
Índice:
Acontecimiento México
La invención del mundo moderno
La formación del Estado-nación en México
El Estado, institución corrosiva de la sociedad
Estado asesino
Contra el Estado de la muerte, por la sociedad de la vida
La sociedad rehén
Antagonismos complementarios
Dedicado a las carnales intensidades mexicanas.
Intensidad
De tus pulsiones
Tus corrientes sanguíneas
Tus ímpetus desbordados
Manadas inventando territorios
Extendiendo inmensas explanadas
Y explosiones de afectos geológicos
Montañas arañando la piel suave
Tenue
Del cielo
Intensidad
De tus pasiones desatadas
Enjambre primaveral de luces
Coloreadas por pintores insomnes
Intensa
Forma de amar
Entrega romántica
Heroica
Como guerrera del alba
Levantándose sigilosa
Felina
Atacando la penumbra de las fortalezas
Con luces incandescentes
Iluminando hasta los sótanos del alcazar
Intensa
Manera de pelear
Contra la conquista repetida
De argonautas espectrales
De quienes sólo se ve la visera
De la armadura
Intensa
Mirada encendida
Quemando la atmósfera
Fuego inicial
Creando por afecto
El universo heredado
Creyendo
Fuese el grito solitario
Inconforme
No es ese tu coraje
Sino
El anhelo de multitudes
México
No hay soledad en el mundo
El laberinto
Es el poder
Fantasma carcomido
Por los gusanos de la frustración
México
Eres la intensidad de los cuerpos
Y de la tierra
La pasión convertida en vegetales
Verduras laboriosas
Alimentando
Al mundo
Con la sabiduría de tus manos
Eres Abya Yala
Continente entre las aguas
Sueño de utopías
Voluntad aventurera
Territorio de memorias insistentes
Recuerdo del futuro
Nadie pude mancillar tu nombre
Menos los déspotas de turno
Los patrones absolutos
Máscaras grotescas
Del mando impotente
Patrones
De la propiedad usurpada
A lo común
Tampoco los mercenarios
Odios recónditos
Sepultureros de la vida
Tampoco los funcionarios de las reglas
Geometría derrotada
Repetidas en sus marcas fosilizadas
Arqueología obstinada
De sacerdotes estériles
Tampoco los intelectuales conformistas
Pretenciosos engreídos
Dueños de la palabra vacía
México
Nadie puede apropiarse de tu palpitar
Intenso
Los cuerpos
Jóvenes, lozanos
Generosos
Sustentando tus ciclos
Cuerpos sensibles a la música
Enredadera creciente de tus composiciones
Sostienen tus recuerdos poéticos
Tus danzas sensuales
Seductoras de universos
Los cuerpos sensibles
Sostienen tus rebeliones iconoclastas
Escritura barroca
Convocando
A las constelaciones agitadas
En la convulsión intrépida de sus partículas
Perdiéndose en la oscuridad creativa
De la inmanencia
Materia ensimismada
En las reflexiones de la nada
México
Levántate con todos tus recuerdos
Con todos tus sueños
Con todas tus canciones
Con todos tus lenguajes entrelazando
Espacios y tiempos curvos
Levántate
Intensamente
Como sabes
Recreando los ciclos
De la vida
Sebastiano Monada México insurgente
Acontecimiento México
Dedicado a los y las movilizadas por los desaparecidos de Ayotzinapa.
¿Historia? ¿Historia de un país, historia de un Estado? Ya discutimos en los escritos sobre historia reciente el concepto de historia[1], incluso el de historia reciente, aprovechando los problemas que plantea, desde el enfoque del presente extendido o dilatado. Sin embargo, dejando en suspenso esta discusión, nuestro cuestionamiento al concepto secuencial y temporal de historia, ahora, nos preguntamos ¿quién hace la historia? Los países, los estados; ¿por qué atribuir a estas referencias la condición de sujetos? ¿Lo son? Fuera también de recordar que cuestionamos el concepto de sujeto, concepto que deviene del concepto de soberano, el único sujeto, propiamente dicho. Dejando también en suspenso esta observación, reparamos nuevamente que se atribuye, en términos de proyección, de irradiación, la condición de sujeto a algo, a la institución, a un lugar, a un territorio, a una región, a una geografía, que no tiene esta condición de sujeto, por lo menos en el sentido atribuido al ser humano. Tanto como soberano, así también como voluntad; lo mismo si se le da el significado de persona. Ciertamente, etimológicamente, tiene otras acepciones, como el colocado abajo, que viene del latín subjetus, participio pasivo de subjicere. Así como cuando hablamos de sujeto, reconociéndole su subjetividad; cuando recurrimos al concepto de subjetivo, que señala a la condición personal, a la condición individual; cuando nos referimos al sujeto gramatical, que vine del latín subjectivus, que significa propio de alguien, pero no como objeto, sino precisamente como sujeto, sino como pensamiento propio, incluso, podríamos decir como inmanencia. Si dejamos en suspenso estas observaciones, si llegáramos a comprender que la subjetividad es propia de la vida, de todos los seres, sería difícil sostener, salvo metafóricamente o por proyección, la condición de sujeto al país y al Estado.
Lo que hace historia, para no decir lo que hace la historia, pues esta la historia no existe, no podría existir, diferenciándose de otras múltiples historias posibles, en todo caso, comprendiendo historia no solamente como relato, narración, incluso memoria, sino como realización social, no podría hacerse historia sino socialmente, vale decir en tanto dinámicas sociales. Hablar de que las sociedades hacen la historia es hablar desde una generalidad tan grande que se pierde la fuerza de enunciación; tampoco podríamos volver, aunque se aproxime a la idea, a decir que los hombres hacen la historia, sin embargo, bajo determinadas condiciones[2]. No solamente porque no podemos excluir a las mujeres de este hacer historia, sino no son sujetos abstractos los que hacen historia, sino son singularidades, si se quiere, subjetivas, las que lo hacen, las que se asocian, las que componen, las que crean, las que despliegan recorridos, las que fundan, consolidan, institucionalizan, transforman. Entonces hay que situarse en las dimensiones de estas dinámicas singulares para poder darle significados apropiados, sostenibles, a esto de hacer historia.
Una mirada retrospectiva nos muestra el acontecer que llamamos historia como múltiples recorridos, efectuados por humanidades congregadas, asociadas, que forman instituciones, construyen ciudades, ceremoniales o de concentraciones, de ferias esporádicas o permanentes, que se mueven espacialmente, que conforman imperios o, en contraste, se encuentran en constante línea de fuga, como los nómadas. Las humanidades aparecen como conglomerados humanos, situados, dispersos, en movimiento, que se encuentran, forman otros nudos, otros tejidos, ocupan territorios, se asocian, conforman alianzas, fuera de haber conformado filiaciones, también chocan, se enfrentan, entran en guerra. Ahora bien, este acontecer de las sociedades humanas no puede enfocarse localmente, regionalmente, sino mundialmente. La humanidad está en el mundo. En este sentido, tampoco hay una historia nacional; la historia, en todo caso, es siempre mundial. Lo que no es lo mismo de hablar de una historia universal, pretensión imperialista. La historia mundial, comprende multiplicidades de historias efectivas, dependiendo de los cortes, los enfoques, las miradas, los referentes, las secuencias, los periodos, las épocas, los ciclos, también dependiendo de los contextos.
La historia de México no puede ser sino historia mundial. La pregunta es ¿qué es lo que acontece en el mundo para que emerja un acontecimiento México, para que este acontecimiento despliegue recorridos, incursiones, expansiones, mermas, para que este acontecimiento contenga multiplicidades de singularidades y de singulares procesos entrelazados, que contenga dramas, tragedias, realizaciones, frustraciones, consagraciones, de multitudes? Para decirlo de una forma, los y las mexicanas nunca estuvieron solos en el mundo, estuvieron en el mundo; al estarlo co-accionaron con otros y otras identidades colectivas – usando este término discutible de identidades -, fueron afectados por otras fuerzas, afectaron a otras fuerzas. Para responder a la pregunta ¿cómo hemos llegado a ser lo que somos en el momento presente?[3], es indispensable una mirada retrospectiva que tenga en cuenta esta configuración de dinámicas sociales singulares, de recorridos singulares, en constante asociación, composición, en constante artesanía de tejidos, tejiendo redes. Esto es precisamente lo que intentaremos hacer.
En Nueva historia mínima de México Pablo Escalante Gonzalbo dice que México es muchos Méxicos. No solo se refiere a las diferencias sociales, sino a la condición multiétnica de la población, de los pueblos, que conforman o, mas bien, constituyen, además de componer, de crear composiciones variadas, de lo que llamamos México, como un denominativo de connotaciones compartidas. Como Estado-nación, como conglomerado cultural afín, como sociedad histórica, como geografía política, como subjetividades reconocidas, como modismos y comportamientos. El autor citado escribe:
La división más antigua, y una de las más determinantes para la historia, es la que existió entre una civilización agrícola que se extendió en la mitad meridional del territorio y los pueblos de agricultura inestable y cazadores-recolectores que vivieron en el norte árido. Nuestra predilección por el gran Tenochtitlan como sitio de referencia de la nacionalidad, nuestra familiaridad con Moctezuma Ilhuicamina y con Nezahualcóyotl, no deben hacernos olvidar que otros antepasados nuestros vivían en rancherías de las montañas de Chihuahua, cerca de lobos y osos, y otros más caminaban desnudos por las ásperas tierras de Baja California, mirando casi siempre la línea del mar[4].
Nacimiento, si podemos hablar así, puesto que nos referimos a la nación, plural, como todo nacimiento, a pesar de los mitos de origen, a pesar de la historia oficial, que se refiere a un origen, como comienzo de la historia de la nación. Escalante continúa:
El peso demográfico y político de los pueblos meridionales como los nahuas, los zapotecos o los mayas, contribuyó a su supervivencia y a su integración en el nuevo orden surgido a raíz de la conquista española. Estos pueblos lograron, de diversas formas, insertar sus costumbres, sus imágenes, su memoria, en el tejido de la historia nacional. Las ideas y las historias de los cazadores de Coahuila, en cambio, o de los pueblos de Jalisco o Zacatecas que se reusaron a aceptar el dominio español, fueron borradas con el exterminio de esos pueblos. Otros, como los tarahumaras y los seris, han sobrevivido en el borde de las barrancas, en el filo de las playas desérticas, y en el límite de la historia[5].
Esta es una mirada retrospectiva, no al estilo de la genealogía, sino de la historia nacional. Se narra desde un presente, como si ese presente estuviera esperando, como historia nacional, hasta ese momento, a los pueblos que dieron nacimiento a la nación. Una historia que evalúa lo que hicieron o dejaron de hacer los pueblos; lo que unos hicieron para sobrevivir, lo que otros hicieron para desaparecer. La hipótesis es que los pueblos que sobrevivieron son los que se adecuaron al nuevo orden impuesto por los conquistadores.
No vamos a efectuar, ahora, una interpretación deconstructiva de la narrativa de la historia nacional. Lo que interesa, ahora, es la información transmitida por investigaciones historiográficas, basadas en fuentes, armadas y descritas con la objetividad de la academia. Dejaremos de lado la “ideología” interpretativa, que tiene que ver con la trama narrativa construida. En este sentido, es apreciable la descripción de la pluralidad étnica del nacimiento de la nación. Por otra parte, la descripción de la diferencia entre los pueblos meridionales y septentrionales ayuda a comprender que la pluralidad étnica contiene también otras pluralidades, esta vez, si se quiere técnicas, para no hablar de diferenciaciones culturales o diferenciaciones civilizatorias. También se describe, como ya lo dijimos, la diferencia en las resistencias de unos pueblos y otros a la conquista y colonización española. Estas pluralidades son importantes tomarlas en cuenta para sostener nuestra hipótesis interpretativa del acontecimiento México.
Son pues singularidades las que se ponen en marcha, las que entran en dinámicas sociales, culturales, de caza y recolección, agrícolas, las que conforman composiciones sociales más complejas, las que construyen instituciones, que no solo suponen la estructura y la organización, sino también los imaginarios. La historia efectiva, a diferencia de la historia oficial, que es una narrativa teleológica, es más bien una tejedora de varios hilos, de varios diseños, que se conectan, que se entrelazan, que se desanudan, componiendo coloridos textiles, donde se inscriben narrativas colectivas simbólicas. La historia efectiva no es teleológico, es aleatoria.
Lo emocionante es atender a la creatividad, a las capacidades inventivas, de las múltiples singularidades, que componen tejidos sociales complejos, que no son interpretados por los historiadores, salvo haciendo recortes, para poder armar secuencias. Lo impresionante es la potencia social creadora de mundos, aunque estos contengan dramas y tragedias humanas como la conquista y la colonización. Se puede decir, siguiendo a Serge Gruzinki, que los mexicanos inventaron el mundo moderno[6]. No lo dice Gruzinski, sino que es una conclusión nuestra. La primera conquista colonial moderna de gran escala fue la conquista de México, es cuando conquistadores y conquistados se transforman, se convierten en humanos modernos. El hombre moderno, usando el nombre de género dominante de la humanidad, por lo menos durante gran parte de la modernidad, son el conquistador y el conquistado transformados, no solo por el acto de la conquista y la acción de la colonización, sino por el mismo mundo que se está constituyendo, como mundo moderno.
Que primero los conquistadores se apropiaron del mérito de este acontecimiento que cambiaba el mundo, acontecimiento no comprendido en absoluto por quienes creían que se trataba de una extensión de Europa, después por quienes que consideraban que era un logro de la revolución industrial y el libre mercado, posteriormente por quienes consideraron que se trataba de evolución civilizatoria, concebida como desarrollo. Todas estas narrativas lo que hicieron es relatar desde la perspectiva de los vencedores; se construyeron una historia universal a imagen y semejanza. Narrativa, por cierto, pobre, en comparación con los tejidos sociales y culturales que compusieron las poblaciones, pueblos, sociedades, comunidades del mundo. Estos tejidos espacio-temporales no han sido leídos.
Ciertamente hay que re-escribir, no la historia, por que no la hay, salvo en el imaginario institucional, sino las expresiones de las memorias sociales, que contienen las huellas de las experiencias sociales. No se trata, de ninguna manera, de escribir la historia desde el sud, como dicen los de-coloniales, pues esto es escribir lo mismo o de la misma manera, solo que desde otro ángulo de la misma geopolítica del sistema-mundo capitalista, con otros nombres, otros escenarios, otros discursos y otros colores. Se trata de escribir, re-escribir, des-cribir, leyendo estas composiciones de los textiles sociales.
Los que vencieron creen que, porque vencieron, la victoria es una verificación de su razón de Estado. Puede ser de su razón de Estado, de su razón de poder, de su razón de dominio; pero, esto no quiere decir que tengan razón, respecto, por ejemplo a la complejidad de la vida, a la complejidad de las composiciones sociales, a la experiencia y memoria social. No la tienen, pues no han entendido nada. ¿Qué son poderosos? Lo son, pero de qué. Han acumulado riquezas, materias muertas, antes, símbolos de prestigio, ahora signos brillantes de consumo desbordante, riquezas ahora cuantificadas por la valorización abstracta, acumulando datos estadísticos. Tienen instrumentos destructivos, ¿para qué? Para intimidar, para descargar violencias disciplinarias, policiales, para ocupar territorios, para mantener una guerra interminable contra sus fantasmas. Se trata de juguetes peligrosos en manos de hombres inmaduros vernaculares. No están a la altura de la madurez que exigen las memorias del mundo.
Para ilustrar lo que dijimos, que los mexicanos inventaron la modernidad, me remito a los libros de Serge Gruzinski. No los vamos a exponer; solo haremos hincapié en el renacimiento indígena que supera en alcance, en extensión, y en comprensión del mundo, al renacimiento dado en la Europa del siglo XVI. También vamos a remarcas la trasformación del mundo a partir de las circulaciones y transferencias de una civilización agrícola que ha aportado a las sociedades la mayor parte de las verduras que hoy se consumen. Ciertamente también México se transformó con la llegada de instrumentos, de animales, aunque también de instituciones, de formas administrativas, de economías destinadas al mercado, sobre todo al mercado mundial. La revisión que hace Gruzinski de los diarios de nobles nahual es sobresaliente; los diarios expresan una mentalidad moderna, la comprensión de un mundo integrado.
Acontecimiento México por atender al acontecer y no a la narrativa retrospectiva, al acontecer de un presente extendido, que actualiza sus planos y espesores de intensidad sedimentados en la geología de la formación social-territorial, inscritos en los cuerpos como huella de la experiencia, guardados en la memoria social. Acontecimiento por abrir un horizonte histórico y cultural en un momento y lugar donde se perdió el viejo mundo, naufragó, y se abrió paso el nuevo mundo, transformando subjetividades, relaciones, estructuras, instituciones, imaginarios. Acontecimiento por acontecer en el ahora, con nuevas composiciones de tejidos sociales complejos, que tampoco son interpretados por las academias, por las vanguardias intelectuales, mucho menos por las interpretaciones oficiales, institucionales y burocráticas. Acontecimiento que bulle en las múltiples resistencias, en distintos planos de intensidad, que aparece actualizando dinámicamente sus sedimentaciones, sus memorias, sus experiencias, en un presente, que nunca es el mismo, sino la singularidad de la coyuntura que combina la complejidad de una determinada manera, propia para el momento. Acontecimiento porque es vida, ciclos vitales, memoria sensible, creatividad permanente. Acontecimiento también porque convoca, solicita a los cuerpos liberarse de las inscripciones del poder, de los fetichismos institucionales, liberar la potencia, actuar, volver a inventar otro mundo, pues el que vivimos ya se ha clausurado.
Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mexico-intensidades-sociales-y-territoriales/
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